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Cuando sientas la inquietud por casarte es tiempo para reflexionar con tu pareja y evaluar si los dos se encuentran preparados para afrontar todo lo que implica el nuevo reto.
Si durante el noviazgo y la etapa de enamoramiento te han tratado con respeto, responsabilidad y con tu pareja han tenido capacidad para resolver conflictos, es posible que estén preparados para dar un paso más comprometedor: el matrimonio.
Estar junto a la persona amada significa también estar dispuesta a un intercambio de derechos y obligaciones para el bienestar de la familia que van a formar.
Esta decisión se encuentra ligada a otra serie de aspectos, por ejemplo que ambos se sientan realizados en lo individual es una de las bases para lograr estabilidad en la relación de pareja. “Esto refleja madurez e independencia”, agrega el psicólogo Gustavo Castellanos.
Cuando una persona crece o se encuentra en un ambiente donde hay conflictos, problemas familiares, temores e inestabilidad emocional, el matrimonio podría convertirse en un escape, lo que causaría tropiezos desde el principio.
“Casarse no es el camino para resolver conflictos personales, a este compromiso debe llegarse con el deseo de aportar más de lo que se recibe en todos los aspectos”, dice Castellanos.
Piensa en el futuro
Convivir con la persona amada puede compararse con formar una empresa en donde se intercambian no sólo sentimientos, sino un proyecto de vida.
Muchas uniones se realizan sólo por atracción física, y esto deja en segundo plano las metas en común, lo que provoca que, con el paso del tiempo, se pierda el interés en la relación.
Una recomendación es conversar con el posible cónyuge sobre un plan a largo plazo, con objetivos claros donde se integren las expectativas personales, de pareja y de familia, concluye César Ramazzini, de la Pastoral Familiar.
Fuente: Psicólogo Gustavo Castellanos del Centro de Desarrollo Humano. César Ramazzini, de la Pastoral Familiar. www.escatholic.net
Ingrid Reyes