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Aceptar y manejar de manera correcta el inicio de la vida independiente de los hijos es un reto que los padres deben enfrentar con madurez, conocimiento y mucha comunicación.
Los conflictos y disgustos suelen comenzar cuando los hijos alcanzan los 12, 13 ó 14 años de edad. Han dejado de ser los niñitos que preferían quedarse en casa jugando y ahora parecen tener urgencia por salir a descubrir ese atractivo mundo de posibilidades sociales, en el cual la compañía de la familia es sustituida por los amigos.
“Los padres deben aceptar que los hijos están creciendo y necesitan mayor libertad”, dice Luisa de Calderón, orientadora y terapeuta familiar. Es importante buscar un equilibrio entre libertad y responsabilidad. Las bases deben sembrarse desde la niñez, inculcando respeto y obediencia hacia las normas y hacia la autoridad de los padres. Permitirles que tomen algunas decisiones y se responsabilicen por las consecuencias de éstas es un buen inicio.
Llegada la adolescencia, los valores y el grado de comunicación forjados durante la infancia son puestos a prueba. “Los hijos tienen ya un juicio y es más fácil negociar con ellos”, indica De Calderón, quien cita el típico ejemplo del permiso para asistir a una fiesta: “que el hijo aprenda a ser sociable es parte de su realización como persona, pero los padres pueden poner objeciones tales como ‘no conocemos a las personas o el lugar donde va a estar’”.
Antes de iniciar discusiones infructuosas, los padres deben adoptar una actitud de flexibilidad sin perder autoridad, basada en una buena comunicación, información y control a distancia. Una comunicación abierta favorece una relación de confianza mutua. Además, los padres deben transmitir a los y las jóvenes, información clara acerca de tabaquismo, alcoholismo, consumo de drogas y salud sexual -incluyendo enfermedades de transmisión sexual y SIDA-. Por otra parte, deben mantenerse vigilantes interesándose por las personas y los lugares que el adolescente frecuenta.
Fuentes: Libro: Cómo convivir con un adolescente, de Marlene Brusko. Orientadora Luisa de Calderón.