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Las discusiones matrimoniales son normales, pero dejan de serlo cuando se vuelven un hábito de convivencia, pues conforme pasan los días puede tornarse en una guerra dentro del hogar.
Cuando le abres las puertas al enojo y enfatizas sólo las actitudes negativas de tu pareja, la relación empieza a debilitarse, al punto de crear un escenario de competencia conyugal en la cual ambos rivalizan para ver quién puede causar y soportar mayor dolor.
A veces lo que comienza como una honesta discusión se transforma en una guerra, es como una escalera que lleva a un nivel superior, en el cual el daño que se inflige se vuelve más destructivo en cada escalón. Cada uno tiene sus propias pistas que permiten detectar claramente cuándo se está pasando al siguiente nivel, vale la pena descubrirlos para ponerle freno y empezar a trabajar sobre ello.
James Creighton, especialista en resolución de conflictos, en su libro Claves para pelearse sin romper la pareja, explica que en el primer escalón se inician las primeras discusiones de forma razonable. Hay lugar para una sana conversación y resolución del problema. Ambos sienten seguridad y confianza para expresar sus puntos de vista.
Sin embargo, a veces se dice algo que hace que uno o ambos se sientan amenazados, provocando que alguno -o los dos- suban un peldaño más en la escalera. El fluir libre en la comunicación se hace más lento o se bloquea por completo y el objetivo de resolver el problema cambia por el de construir una firme argumentación desde el punto de vista en particular. Cada uno empieza a manifestar puntos de vista a su favor, tal vez reteniendo información sobre sus propios motivos o vulnerabilidad. En un inicio se sentirán en competencia como si ahora fuera más importante ganar la discusión que encontrar soluciones.
En la medida en que la discusión avanza, las peleas se vuelven el pan de cada día y ya no se ve a la otra persona como un compañero de equipo, sino se vuelve un adversario. El tono de voz tiende a subir con una acentuación más acusadora y exigente.
Los expertos insisten en la importancia de hacer una evaluación de las discusiones a tiempo. Cuando surja un problema es importante hablarlo con la firme convicción de no agredirse, simplemente para buscarle una solución favorable. Pensar que el cambio debe estar en una misma, para hacer que con ese gesto la otra persona cambie, sin decírselo, afirma la psicóloga Pilar Sordo.
También es básico llevar un libro del día, para escribir lo que le gustó o le perjudicó a cada uno, de igual manera expresar las felicitaciones cuando sobresale una actitud favorable. Es importante hacer una exploración mutua de las diferencias, respetando el amor que provocó la unión y determinar si vale la pena cultivarlo, rescatarlo o ponerle fin.
Por Margarita Pacay
Fuentes: psicóloga Pilar Sordo. Libro: Claves para pelearse sin romper la pareja, de James L. Creighton, Ph. D., Longseller.