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Cuando dejas de compartir con la familia, los amigos o abandonas los estudios porque tus actividades te obligan a hacerlo, es conveniente que evalúes tu situación.
Muchas veces el tipo de actividad obliga llevar trabajo a casa. Esto es aceptable sólo en ocasiones excepcionales, ya que no es sano para el trabajador ni para la familia, en especial porque los cambios de ambiente, de función y el contacto con el mundo exterior son necesarios, explica el psicoterapeuta Raúl de la Horra.
Es ideal analizar la situación a nivel individual, pues muchas veces las personas tienden a volverse adictas al trabajo por evadir problemas del hogar, necesitan tener ingresos extra o no planifican adecuadamente su tiempo y, por ello, no logran cumplir las metas establecidas. Pero también puede ocurrir que la demanda de trabajo existente amerite más personal.
De igual manera, llevar trabajo a casa afecta la relación conyugal porque las discusiones se vuelven el pan de cada día, disminuye el apetito sexual y la armonía se pierde con la pareja al descuidarse la convivencia. Incluso, muchas veces la frustración de no tener tiempo libre podría llevar a descargar el malestar en la familia.
Los especialistas sugieren algunos consejos: administrar bien el tiempo, acortar la convivencia con los colegas, evitar descargar frustraciones de trabajo en la familia o dejar la rutina de trabajo tomándose un café antes de volver a casa para cambiar la sintonía del día. Lo más importante es disfrutar al máximo el tiempo que se comparte con la familia.
Por Brenda Enríquez
Fuentes: Lic. Raúl de la Horra, psicoterapeuta. Libro El trabajo, la casa y los hijos: combínelos exitosamente, de María Rosas, Grupo Editorial Norma.