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El temor y la ansiedad que puede generar un cambio de establecimiento educativo son menos intensos cuando las necesidades específicas de los infantes son atendidas de manera adecuada.
Si tienes más de 25 años de edad es probable que cada año de tu vida como estudiante transcurrió en el mismo salón de clases y bajo la tutoría de uno o dos maestros. En la actualidad, la mayoría de establecimientos educativos sigue una dinámica que implica la constante movilización de los alumnos hacia diferentes ambientes, así como la tutoría de varios maestros cada día.
De acuerdo con Jaqueline Lira, psicóloga clínica, la experiencia de interactuar con diferentes personas hace que para los niños sea más fácil asumir y enfrentar cambios. No obstante, un inminente cambio de establecimiento educativo puede generar angustia e incertidumbre en los infantes. “No es tan importante lo que piense la gente -acerca del motivo del cambio- o la fama del establecimiento, lo primero es el bienestar del niño” indica Patricia Peralta, psicóloga educativa.
Cuando el traslado obedece a dificultades de aprendizaje, se debe buscar un establecimiento que ofrezca atención especializada para estos casos y no reprender al niño por no haber respondido a las exigencias de un programa que sobrepasaba sus posibilidades. Cuando ha sido retirado por problemas de conducta, deben evitarse etiquetas que lo señalen como “niño problema” y revisar las razones de dicho comportamiento. Si el cambio se da por razones económicas, es conveniente guiarse por los listados que el Ministerio de Educación ha dado a conocer para elegir un centro educativo accesible pero con un buen nivel académico.
Peralta aconseja explicar al niño las razones del cambio, inscribirlo en cursos de vacaciones en el nuevo establecimiento para facilitar su adaptación; conocer el lugar, a los maestros y a algunos padres de familia; revisar los textos que se utilizan en el grado correspondiente. Lira recuerda la importancia de brindarle en el hogar un ambiente de estabilidad emocional.
Por Lili Beteta
Fuentes: Psicóloga clínica Jaqueline Lira. Psicóloga educativa Patricia Peralta.