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Ni actitudes represivas ni permisividad total. Mantener una estrecha y saludable relación con tus hijos es lo más importante para ayudarlos a iniciarse en el mundo de las relaciones amorosas.
La edad y la forma como los adolescentes buscan comenzar a explorar el terreno amoroso y sexual depende en gran medida de las experiencias que han acompañado su infancia. “Influyen los cambios hormonales -que los preparan física y mentalmente para la vida adulta-, pero también la exposición que han tenido al tema sexual en imágenes y experiencias, los principios de vida bajo los cuales han sido formados y el ejemplo que han recibido, explica Ileana Alfaro, psicóloga.
En opinión de algunos psicólogos, los noviazgos no deberían producirse antes de los 15 años, pero la decisión de permitirlos antes o después de esa edad depende del criterio de los padres. Lo más importante, anota Alfaro, es forjar una relación de confianza y amor con los hijos para que se sientan identificados con los padres y pueden entender que los límites que les imponen obedecen a ese amor.
Cuando se reconoce una débil relación padres e hijos es conveniente negociar de otras maneras, pues una prohibición tajante por lo general hace que los jóvenes se las arreglen para continuar el noviazgo a escondidas, los lazos entre ellos se estrechan y el peligro de un inicio sexual precoz es mayor.
Alfaro recomienda prestar la misma atención al noviazgo de un adolescente de 15 ó 16 años como al de uno de 12 ó 13, y tomar las mismas precauciones: limitar el tiempo juntos, evitar en lo posible el contacto muy íntimo y brindarles información adecuada acerca de los riesgos físicos y emocionales. Si tus hijos aún son pequeños, una buena decisión es inscribirlos en establecimientos educativos mixtos. El contacto con el sexo opuesto se dará de manera natural a medida que crecen y no será un tabú.
Por Lili Beteta