
El dolor, la angustia y la desesperación son sentimientos presentes en la pareja del alcohólico. La pregunta constante en estas relaciones es cómo enfrentar la enfermedad y recuperar la estabilidad.
No es fácil convivir con un alcohólico y una de las primeras reacciones equivocadas de la pareja es tratar de cambiar al enfermo. En el intento se atraviesa por una frustración constante, daños emocionales y otras situaciones que afectan la autoestima de los involucrados.
Desconocer de qué manera actuar frente a la enfermedad, evadir la situación y ocultar el problema, lejos de ayudar incrementa el estrés y la tensión en el círculo familiar.
Quienes viven con la persona alcohólica presentan ansiedad, tristeza, depresión y otros síntomas ocasionados al estar en contacto con el alcoholismo. Por ello, es necesario que la esposa y los hijos busquen ayuda psicológica y grupos de apoyo, además de aprender a utilizar herramientas y actitudes que mejoren la armonía en la familia.
Es un camino con altibajos y el mayor reto es fomentar el amor propio, para después ayudar al enfermo alcohólico, explica Carmen de A., quien tiene más de 20 años de pertenecer a Al-Anon, un grupo que ayuda a las familias de alcohólicos.
Los especialistas recomiendan a la pareja no aparentar que todo está bien al encubrir las irresponsabilidades y errores cometidos por el alcohólico, porque de esa manera se le hace daño en vez de ayudarlo.
Además, se sugiere tener información sobre la enfermedad y trasladarla a los seres queridos, mostrar preocupación por los problemas ocasionados, tener paciencia en la recuperación y motivar al enfermo a buscar la sobriedad.
Por Ingrid Reyes
Fuentes: Carmen de A., de Al-Anon Guatemala. ¿Alcohol en la familia?, de la Sociedad Científica Española de Estudios sobre el alcohol, alcoholismo y otras toxicomanías.
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