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Que tus hijos expresen malestar o inconformidad ante ciertas circunstancias es totalmente válido, pero tú puedes ayudarlos a manejar la frustración de tal manera que no afecte su desarrollo emocional.
“La frustración es resultado de un deseo material o emocional insatisfecho”, señala Gabriela Amado, psicóloga clínica. Tolerancia es la capacidad para manejar estas insatisfacciones, por tanto, es de vital importancia proveer, desde la infancia, herramientas que permitan a los hijos tener una vida emocionalmente estable en el presente y en el futuro.
“No se puede aprender a manejar la frustración sin una dosis de ella”, señala la psicóloga. El primer consejo es no ser padres y madres complacientes para permitir que “sus niños conozcan la frustración y aprendan a identificarla”. Es preciso establecer normas y, como padres, ser consistentes, coherentes y persistentes respecto de éstas. “Significa que muchas veces el niño recibirá un ‘no’ y experimentará frustración, pero el resultado será positivo”, indica Amado. Estas reglas deben ser conocidas y respetadas por toda persona que participe en el cuidado de los infantes.
Además, es necesario mantener una comunicación constante y fluida, de manera que comprendan la razón de las normas y sus consecuencias. En ocasiones conviene aplicar estrategias tales como anunciarles y recordarles el inminente final de una actividad de su agrado, 10 y 5 minutos antes, en lugar de sorprenderlos con un tajante “se acabó”.
Cuando los niños reaccionan con agresividad, la psicóloga recomienda aislarlos por un momento indicándoles que “no están listos para participar” en determinado grupo o actividad y, posteriormente, hablarles en tono sereno preguntándoles qué los hizo enojar y reaccionar de la forma como lo hicieron. “Podemos decirles ‘está bien que te enojes, es normal, pero no está bien que golpees a los demás”. En la medida en que los niños vayan reconociendo y entendiendo sus propias emociones y reacciones, aumentarán su capacidad para controlarlas.
Por Lili Beteta
Fuentes: Gabriela Amado, psicóloga clínica. Larousse de los padres.