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Comprobado está que “la muerte y la vida están en poder de la lengua”, Proverbios 18, 21. La violencia verbal, es decir insultos, gritos, descalificaciones, desprecios, críticas permanentes, amenazas, injurias y calumnias afectan la dignidad de cualquier persona, explica Evelyn Rivas de Rosal, psicóloga clínica y terapeuta familiar.
Estar sometida a este tipo de agresión provoca heridas más profundas que la violencia física. A corto plazo afecta la autoestima, generando dudas hacia sí misma, sumisión, inseguridad, angustia, odio, resentimiento, frustración y sentimiento de impotencia, agrega Rivas de Rosal. Mientras más tiempo se pase expuesta a esta forma de violencia, más profundos serán todos los sentimientos descritos y se facilita el paso a los golpes.
La realidad es que la violencia verbal representa en Guatemala el más alto porcentaje de agresión hacia las mujeres. Según la Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil 2002, de 6,595 mujeres entrevistadas, entre los 15 y 49 años, el 25.2 por ciento afirmó haber sido víctima de violencia verbal. Otros tipos de violencia, como la física y la sexual, registraron en 8.6 y 3.5 por ciento, respectivamente.
En muchos casos el agresor es el conviviente, pero la raíz de este problema está en la violencia intrafamiliar. De la cual padres, hermanos y hasta las mismas madres son las agresoras, según se observa en los cuadros estadísticos de este mismo informe.
Uno de los retos más grandes para denunciar este tipo de violencia es demostrar a las mujeres que son capaces de defenderse. Esto no significa confrontar sola y con violencia al agresor. Más bien, se necesita de un buen plan, en el cual la ayuda de terceras personas es indispensable.
De acuerdo con Rivas de Rosal, “el primer paso es acercarse a una persona madura y de confianza para expresar las vivencias y obtener apoyo emocional”. Una vez se cuenta con este respaldo, la forma de presentar la denuncia a cualquier juzgado, estación de la Policía Nacional Civil, Ministerio Público, Procuraduría General de la Nación o Procuraduría de Derechos Humanos es presentando pruebas.
Esas pueden consistir en un informe firmado por un médico o psicólogo, aseverando el padecimiento de un trastorno psicológico. Cartas con amenazas escritas por el agresor y grabaciones -sólo audio o video- son buenos recursos. Un informe del patrono, haciendo constar, incluso, que la víctima escucha canciones con letras deprimentes, también es válido, explica Marisol Figueredo Cacacho, abogada de la Procuraduría General de la Nación.
Una vez el juez recibe las pruebas, solicita una investigación especializada y, de constatar la agresión, debe exigir al agresor un resarcimiento para la víctima. La compensación consiste en el pago de terapias con psicólogo, o profesionales de la medicina alternativa, afirma Figueredo Cacacho.
Sin embargo, la psicóloga Rivas de Rosal concluye que para denunciar esta forma de violencia es necesario que la mujer supere, en muchos casos, la codependencia a su agresor y fortalezca su autoestima.
Por Alejandra Cardona
Fuentes: Evelyn Rivas de Rosal, psicóloga clínica y terapeuta familiar. Marisol Figueredo Cacacho, abogada de la PGN, teléfono 5303-0092. Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil 2002.