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Son molestas, incómodas, no dejan dormir en paz y no se pueden controlar. Se llaman pesadillas y según la teoría Freudiana, estos sueños representan los deseos y temores sin barreras de una persona.
Las pesadillas resultan ser tan desagradables, que siglos atrás eran consideradas como posesiones demoníacas. Al final, solamente terminan siendo una especie de fiscalización a la mente inconsciente. ¿Qué hacer al momento de tener una?
Relajarse. Después de tener una pesadilla, es aconsejable respirar profundamente para que el susto pase y se pueda conciliar el sueño de nuevo, aunque tomará tiempo lograrlo.
No evadirlo. Es recomendable recordar a la mañana siguiente de qué se trató la pesadilla que se tuvo durante la noche, ya que son manifestaciones de la mente y pueden ser una señal de alerta de que algo te preocupa más de la cuenta o se tiene mucho estrés. Pero también puede ocurrir por haber comido en exceso antes de dormir.
Apuntarlos. Si se dificulta recordar este tipo de sueños, es bueno tener una libreta y un lapicero a mano para escribir de inmediato esa experiencia desagradable.
Platicar y comentar. Es muy común que seas lo menos objetiva a la hora de analizar tus comportamientos. Por eso, conversar sobre las pesadillas con amigos u otras personas te ayudará a encontrar las razones de esas escenas incómodas.
Cuida tu alimentación. De preferencia en la cena elige alimentos livianos para que tu organismo pueda digerirlos con facilidad antes de ir a la cama.
Precaución. Si las pesadillas se vuelven constantes, consulta a un psicólogo o psiquiatra ya que las raíces de estos sueños podrían ser traumas que sufres y desconoces.
Por David Lepe
Fuentes: Lic. José Ricardo Sandoval, psicólogo. El libro de los sueños, Editorial Casariego. Sitio web http://www.kidshealth.org.