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Preferencia por compartir con adultos en lugar de jugar con niños de su propia edad, expresarse con frases formales y rechazar las invitaciones de sus amigos, son características de infantes que mental y emocionalmente se han puesto el traje de papá o los tacones de mamá.
“¿Hay algún adulto aquí?”, pregunta Ray, una niña de ocho años -Dakota Fanning-, a su niñera Molly -Brittany Murphy-. En la cinta Pequeñas grandes amigas, la menor de edad juega el rol de una adulta obsesionada por la puntualidad, la lectura, la música clásica y las buenas costumbres. Le parece una pérdida de tiempo compartir con otras niñas de su misma edad. Con esta conducta pareciera que superó el ajetreado ritmo de vida que lleva su madre y la ausencia de un padre moribundo.
El desprecio por todo lo que es propio de la infancia también suele observarse en hijos de padres con edad avanzada o que exigen demasiado a sus niños; infantes con hermanos mayores por ocho o 10 años, o con varios hermanos menores; e hijos de madres o padres solteros, separados, divorciados o viudos. ¿La razón? “Se ven obligados a responder a las expectativas que sus padres tienen de ellos, a las críticas que reciben de adultos a su alrededor y a la pérdida de confianza en sí mismos”, explica María Isabel Fernández Porres, psicóloga infantil.
En otras ocasiones el problema es consecuencia de que los padres traten a los hijos como si fueran sus iguales, por ejemplo preguntándoles si quieren o no ir a la casa de la abuela, en lugar de enseñarles a aceptar su decisión, o dándoles obsequios -especialmente tecnología- cuyo valor es más apropiado para un adulto, explica Fred G. Gosman, en su libro ¡Basta ya de hijos malcriados!
Para resolver el problema, te compartimos las recomendaciones básicas de profesionales en psicología infantil:
• Permite que tu hijo exprese sus sentimientos y emociones. No lo reprimas con frases como “tenés que ser valiente”. Conversa con ella o él para conocer sus temores, intereses, deseos e inquietudes, y apóyalo en todos los aspectos.
• Reconoce los logros de tus hijos y felicítalos separando a la persona de la acción.
• Observa cómo tu hijo expresa su amor hacia ti, pues de esa misma manera espera ser correspondido. Tal vez necesita que lo acaricies mientras se queda dormido o que le des un abrazo fuerte cada vez que lo saludas.
• Comparte más tiempo con ella o él, ya sea ayudándole a hacer su tarea, armando un juguete, bañando a la mascota, preparándole su comida favorita e incluso viendo televisión.
Fuentes: María Isabel Fernández Porres, psicóloga. Libro: ¡Basta ya de hijos malcriados!, de Fred G. Gosman, Ediciones Martínez Roca, S.A.